Espacio Catódico

viernes, agosto 11, 2006

La Venganza Es Mía

Londres, 1880

Cecily oyó cómo llamaban a la puerta. Se preguntó quien podía ser a aquella hora de la noche. La fiesta había acabado hacía rato y su padre dormía. No le agradaría tener que levantarse. Uno de los criados entró en su habitación, sin duda para anunciar la visita. Al saber de quién se trataba, su padre le echó de malos modos y le gritó que se deshiciera de ella. Al preguntar al criado, supo que se trataba de la madre de William.
- Hazla pasar. – ordenó – Dile que estaré abajo tan pronto como pueda. Y haz venir a Sarah.
Mientras Sarah la ayudaba a vestirse, se preguntó a qué podía haber venido aquella buena mujer. Tenía el convencimiento de que guardaría relación con la conversación que aquella misma noche había tenido con su hijo. Su padre le había invitado por primera vez a su casa, pero sólo para que ella pudiera dejarle claro que nunca habría relación alguna entre ellos. Su hermano mayor, Caleb, se había burlado de él y de sus torpes intentos de crear poesía. Aquello y su rechazo habían hecho que el pobre William se excusara pronto, apenas capaz de contener sus lágrimas.
Bajó a recibir a su invitada. Era una mujer ya mayor, de pelo blanco y cara arrugada. Por lo que sabía, no salía mucho de casa debido a su precario estado de salud. Y sus estrecheces económicas, sin ser acuciantes, no le permitían llevar el estilo de vida al que estuvo acostumbrada.
- Mi padre ruega sus disculpas por no poder recibirla. El día ha sido largo y está muy fatigado. Yo soy…
- Cecily, ¿verdad? Mi hijo me ha hablado mucho de ti.
Sintiendo que se ruborizaba, Cecily asintió en silencio.
- ¿Y qué le trae a esta hora a nuestra casa? Nada grave, espero.
- Tenía la esperanza de que pudierais indicarme dónde puede estar mi William. Nunca había tardado tanto en volver a casa.

Los siguientes fueron días de intensa actividad para la anciana. William seguía sin aparecer, y su madre visitó en varias ocasiones a la policía y a todo el que figuraba en su tristemente corta lista de amistades.
Y entonces dejó de salir de casa. El tiempo pasó, y con él llegaron las habladurías. Algunos decían que William se había suicidado arrojándose al Támesis. Otros, que se había fugado con otro hombre. También hubo quien dijo que su madre le había encerrado en casa al volver borracho unos días después. Cecily podía ver la mano de su padre y su hermano detrás de algunos de aquellos rumores. Cada día que pasaba aumentaba su certeza de que estaba muerto, y su arrepentimiento por no haber sido sincera con él. Quizá si le hubiera dicho que le correspondía, que ella también le amaba a él, todo habría sido diferente.
Habían pasado ya tres semanas cuando la policía entró en casa del pobre William debido a las quejas del vecino por el olor que de ella salía. Todo lo que encontraron en la casa vacía fue un cuerpo horriblemente mutilado, probablemente de William. Ni rastro de su madre.
Aquel mismo día, su padre decidió organizar una fiesta “para celebrar que ese afeminado no te rondará más”. Al enterarse, Cecily rompió a llorar sin tener en cuenta lo que pudiera pensar Annie, una amiga reciente que le había servido de apoyo aquellos aciagos días.
- Pobre William – dijo entre sollozos – No tiene nadie que le defienda. Desearía poder defenderle yo, pero no me atrevo a ir en contra de mis padres. Desearía que él estuviera aquí para poder defenderse. Pero, en mi corazón, se que está muerto y no volveré a verle.
Su amiga pareció estar a punto de decir algo, pero cambió de opinión y calló. Tras reflexionar un momento dijo:
- Normalmente no hago esto. Pero si de verdad piensas eso, creo que conozco a alguien que podría ayudarte.
La llevó a una pequeña casa en Whitechapel. Cecily se preguntó como podía Annie conocer a nadie en un barrio como aquel. Les abrió la puerta una anciana rolliza y de pelo revuelto. Una gran cicatriz en forma de media luna recorría el lado izquierdo de su cara, desde su ojo hasta la comisura de los labios. Las miró de arriba abajo, refunfuñó y les hizo señas para que la siguieran. Las guió hasta la cocina, donde un pequeño niño pelirrojo de unos tres o cuatro años estaba sorbiendo un tazón de leche. Sus ojos eran completamente negros.
- ¡A tu cuarto! – le espetó la anciana
El niño saltó de la silla y salió corriendo tan deprisa que Cecily apenas pudo verle irse meneando su… Por un momento, Cecily hubiera jurado que aquel niño tenía un rabo semejante al de un reptil. Pero aquello era imposible.
- Mi amiga…
Annie empezó a hablar, pero calló ante un gesto de la anciana. Cecily sintió como apoyaba su arrugada y fría mano sobre su pecho. El contacto era sumamente desagradable. Echó atrás su vieja cabeza y abrió mucho los ojos. Eran tan negros como los del niño.
- Se lo que desea tu corazón. – dijo por fin, sus ojos normales de nuevo – y también se que no podrías pagarlo. Vete.
- ¡No! – Cecily alzó la voz por primera vez desde que tenía memoria – He venido hasta aquí. No se bien qué hay que pueda hacer por mí. Pero si puede hacer algo, ¡hágalo! El precio no es problema.
La anciana volvió a acercarse a ella. La olfateó ruidosamente y le arrancó un pelo de la cabeza. Lo miró detenidamente poniéndolo a la luz y dijo:
- Creo que te he juzgado mal. Quizá sí puedas pagarme.
La agarró de la muñeca al tiempo que sacaba un viejo cuchillo de su delantal.
- Tranquila, no dolerá mucho.
Antes de que pudiera reaccionar, le hizo un corte en la palma de la mano y empezó a verter su sangre en un pequeño cuenco de madera. Cuando juzgó que tenía suficiente, envolvió la herida en un pañuelo sorprendentemente limpio. Escupió en el cuenco.
- Escupe – le ordenó.
Cecily lo hizo e inmediatamente la sangre empezó a burbujear, como si hirviera, allí donde la saliva había caído. La anciana parecía complacida. Dejó la sangre en un armario y empezó a meter cosas en un hatillo. Añadió un par de libros y un huevo del tamaño de su cabeza.
- Necesitarás una imagen suya.
- ¿Valdrá un dibujo?
- Valdrá. Si quieres romper el hechizo, deberás romper la imagen. Ahora vete.
Fue a decirle a Annie que se marcharan, pero no estaba allí. Y la anciana no parecía de humor para contestar a ninguna pregunta.

Al llegar los primeros invitados lo tuvo todo listo. Había pasado el día entero en su cuarto, preparándolo todo. Había dispuesto los ingredientes tal como decía el primer libro. Había colgado el hinojo en todas las puertas y ventanas, y dibujado los símbolos como decía el segundo. Mientras empezaba a sonar la música en el piso de abajo, Cecily se acercó a la cómoda y abrió el cajón de abajo con una pequeña llave. Extrajo su diario del doble fondo y sacó de él un papel doblado. Un retrato de William. Lo dispuso del modo apropiado. Dijo el encantamiento tres veces. Y esperó.

Cuando el mayordomo abrió la puerta esperaba ver a algún invitado, aunque no recordaba que faltara ninguno por llegar. Lo que no esperaba era ver aquella pareja. Él no llevaba chaqueta ni corbata, sino que iba vestido poco mejor que un estibador del puerto, aunque su delgada figura descartaba que lo fuera. Y ella, aunque más elegante, llevaba un vestido pasado de moda por un par de décadas. Movía la cabeza a izquierda y derecha, de un modo que daba a entender que no estaba del todo en sus cabales.
No fue hasta que habló, que reconoció en él al aspirante a poeta que llevaba casi un mes desaparecido.
- Hola. Veras, estaba por aquí cerca y de pronto he sentido la imperiosa necesidad de dejarme caer. Así que… dado que vives aquí… me preguntaba si querrías invitarnos a pasar.
La mujer no dejaba de sonreír, salvo para meter de vez en cuando la lengua en la oreja de él. Aquel joven estaba muy cambiado. Fue a cerrarles la puerta en las narices, pero William la detuvo con la mano, con una fuerza increíble, y puso una expresión de perplejidad. Aquello parecía haberle sorprendido más a él. Sonriendo, metió un pie en la casa. Miro a su alrededor y metió el otro.
- Estoy dentro, Dru.
Por un momento, pareció que la mujer también iba a entrar, pero se paró ante el umbral.
- No es justo – su tono era increíblemente infantil – no deberías divertirte tú solo, Willy. Nunca lo haces bien. Bienbienbienbienbien.
- ¡Te he pedido que no me llames así!
- ¿Por qué no debería? – El espectáculo había atraído la atención de algunos invitados. Entre ellos Caleb – Ese eres tú. Willy, el de la sanguinariamente mala poesía. La verdad, teníamos la esperanza de no volver a oír uno de tus versos nunca más. Nunca hubiéramos supuesto que te habías ido con una puta. Con un hombre, quizá. Pero no con una puta.
- ¿Williiaam? No están siendo nada amables conmigo. Diles que sean más amables.
- Por supuesto, mi princesa – su cara cambió y su garganta dejó escapar un ruido similar a un rugido. El mayordomo gritó como un cerdo cuando William le mordió el cuello.
Afuera, la mujer reía y daba vueltas, como bailando al son de una música inaudible.
- Soy una princesa.

Cecily podía oír los gritos desde su habitación. También oyó a los invitados corriendo para salir por la puerta de los criados. Pero no podrían. Ella se había asegurado de ello, tal como el libro de la anciana le había enseñado. Salió de su cuarto y se acercó a la escalera. Allí, agachada en la oscuridad, pudo ver con todo detalle lo que ocurría abajo.
- Sólo quiero al anfitrión – William tenía la cara normal otra vez. Sujetaba a Caleb por el brazo, obligándole a estar de rodillas. La sangre del mayordomo manchaba su cara – No tengo nada en contra de los demás.
Cecily vio como todos sus amigos de la alta sociedad se apartaban de su padre, dejándole a la vista.
- ¡Ah! ¡Ahí estas!
Arrojó a Caleb a un lado como si fuera un muñeco y se acercó a su padre, rodeándole con el brazo.
- Verá Sir Harold ¿Puedo llamarte Harry? Verás Harry, tengo un pequeño problema. – señaló la puerta – Mi amiga no puede entrar a menos que la inviten. La invitaría yo mismo pero, bueno, no es mi casa. En realidad, yo tampoco debería poder entrar. No sé por qué he podido y, la verdad, no podía importarme menos.
Su padre intentó balbucear algo, pero William le agarró por el cuello.
- ¡Harry! ¿Qué modales son esos? ¡No he terminado de hablar! Bueno, esta es la situación. Tú la invitas a entrar y yo no mato a toda tu familia. ¿Qué dices?
- ¡Di que sí! ¡Di que sí! – gritaba la mujer mientras daba patadas en el suelo.
Sir Harold asintió y la mujer entró.
- ¿Y ya está? – William parecía decepcionado – Esperaba que hiciera falta algo más formal. O por lo menos que se hubiera resistido un poco. En fin…
Arrojó su presa a la mujer, cuya cara se asemejaba ahora a la de una cobra. Esta sonrió y se encogió de hombros, como una niña pequeña que acabara de recibir un regalo. Desgarró con sus uñas el cuello del hombre y chupó con su lengua la sangre que manaba de la herida, sin preocuparse de que la mayoría de ella estuviera cayendo al suelo. Al fin y al cabo, se había alimentado hacía poco.
Más gritos, y algún desmayo, siguieron al destino de Sir Harold. Caleb y otro caballero pensaron en subir al piso de arriba en busca de refugio, ya que algún extraño sortilegio les impedía salir por la puerta e incluso, como alguien había intentado, por una ventana. William dio un salto imposible y se colocó frente a aquel valiente, dando la espalda a Cecily, sin verla.
- ¡Dijiste que no nos matarías!
Cecily vio como tiraba a su hermano por encima del pasamanos y retorcía el cuello al otro hombre hasta matarle con un sonoro chasquido.
- Mentí.
Lo que siguió apenas duró unos minutos. Sin saber adonde huir, los invitados corrían de un lado a otro del salón, mientras los iban cogiendo y matando uno a uno. A ninguno se le ocurrió defenderse. En un momento dado, Cecily vio como la mujer agarraba a su madre y hundía los colmillos en su cuello.
- ¡Dru! – dejó de beber y miró a William – Déjame esa a mí.
Dru la tiró al suelo y fue a por los últimos invitados, mientras William cogía a la anfitriona por la cabeza y la levantaba del suelo.
- Tú y tu familia me arrancasteis el corazón y lo pateasteis – le metió los pulgares en las cuencas de los ojos y Cecily descubrió que sus gritos no la molestaban en absoluto – Justo es que os devuelva el favor.
Hundió la mano en su pecho hasta la muñeca y sacó el corazón de la mujer. Lo dejó caer al suelo y lo pisó. Luego miró a su amada, que estaba acabando con la última de las doncellas.
- ¿Ya se han acabado los invitados? – parecía decepcionado – Estas fiestas ya no son lo que eran.
- Aún nos quedan las bellas durmientes. ¿Podemos despertarlas con un beso? ¿Podemos?
William paseó su mirada por las mujeres que se habían desmayado y la desvió luego hacia Caleb, inconsciente desde la caída.
- Aún tengo quehacer aquí, cariño. Un pequeño debate literario. Ve a por los criados y luego lo hacemos.
- ¿Todos para mí?
- Todos para ti
Excitada, dio palmadas y soltó una risilla infantil. Acto seguido se dirigió hacia las habitaciones de los criados.

Caleb despertó con una fuerte presión en el cuello. Sus pies se movieron buscando el suelo, pero fueron incapaces de encontrarlo. William, el afeminado, le tenía agarrado por la garganta y le sostenía contra la pared. De pronto, “William el Sanguinario”, el apodo que le habían adjudicado por su poesía “sanguinariamente mala”, se había tornado en uno mucho más literal y terrorífico.
- Hola, Caleb. Llevo mucho tiempo imaginándome este momento. Si no ha llegado antes es porque uno de mis nuevos colegas quería mantener una presencia discreta en Londres. Claro que le vi organizar una parecida a esta en una boda, así que hoy me he dicho “¿Qué demonios? Seguro que Caleb agradece que le haga una visita”.
Se oyeron gritos y ruidos procedentes de otra parte de la casa. Caleb se echó a llorar.
- ¿Oyes eso? Parece que los criados tienen bastantes más huevos que tú y todos tus amigos juntos. Ellos al menos se defienden. No servirá de mucho, claro, pero al menos lo intentan.
Ocultaba algo tras su espalda con su mano libre, pero no sabía qué.
- He compuesto un poema para ti. ¿Quieres oírlo?
Caleb gritó cuando un dolor insoportable atravesó la palma de su mano derecha, dejándola clavada a la pared.
- ¿Qué…? ¿Qué…?
- Es un clavo de ferrocarril. No ha sido fácil de encontrar, pero ha valido la pena, ¿no crees?
Cogió su muñeca izquierda y le extendió el brazo contra la pared. Introdujo un clavo en su otra mano. Esta vez más despacio, deleitándose con los aullidos de dolor.
- ¿Por…? ¿Por qué?
- Bueno, - dijo mientras sacaba de su bolsillo un tercer clavo – fuiste tú quien dijo “preferiría que me clavaran un clavo de ferrocarril en el cráneo antes que escuchar otro de sus poemas”.
Le hundió el clavo en la frente. Esta vez no hubo gritos.
- Por fin has aprendido a jugar bien, William – Dru había vuelto – Ya te pareces un poco más a…
William la agarró y la golpeó contra la pared
- No te atrevas a decir su nombre. No vuelvas a compararme con él.
Dru acercó su boca a la de él, pero antes de besarle dio un mordisco al aire.
- Eres un niño maaalo, William.
Se besaron.

William la poseyó contra la pared, al pie de la escalera, donde Cecily pudo verles perfectamente. Ella había tenido razón todo el tiempo. El William que amaba estaba muerto. Aquel demonio podía tener su cara pero no era él. En sus ojos había muerte, no dulzura. Su sonrisa era mucho más amplia, pero no poseía la inocencia de la de William. Cecily se percató entonces de que la estaba mirando directamente mientras gozaba de su nueva compañera. Todo ese tiempo, él había sabido que ella estaba allí, observando. Rompió el retrato. Se levantó y fue hasta la ventana que había sobre la puerta principal. Con la ayuda de un atizador, retiró el hinojo que había sobre el marco. Poco después vio a la pareja salir y perderse en la noche. Bajó las escaleras y contempló la matanza que había causado. Vio a las mujeres que se habían desmayado y comprobó que, efectivamente, las habían despertado “con un beso” antes de matarlas. Se acercó a donde yacía su padre y le escupió. Una figura salió de entre las sombras. Era una especie de demonio, alto y con cuatro pequeños cuernos en la cabeza.
- Ha sido impresionante. De veras. Anyanka me dijo que tenías potencial, pero no imaginaba que fuera tanto. El sufrimiento que has causado ha sido...
- Se lo merecían. Todos.
- Me alegra que pienses eso. Te haré una propuesta, y me gustaría que la consideraras.

FIN

3 Comments:

  • Siempre quedo en el aire como Haunfred (o como se escriba, lo siento no estoy nada segura) se habia convertido en demonio vengador, imagine que podia deberse al despecho por un hombre que a sus ojos hubiese resultado más "superior" que William, pero esta teoria es muchisimo mejor, supongo que te habras basado en su preferencia por castigar a padres negligentes y el hecho de que secretamente correspondiense al timido poeta me ha gustado aunque ni la mitad que la crucifixión orquestada por Spike, porque en el fondo todos los seguidores del vampiro siempre pensamos que era de justicia que el precusor de tan sonoro apodo recibiese su merecida retribución.La historia esta pero que muy bien y todo muy bien traido con el argumento del conjuro de resurrección, espero que te animes a seguir escribiendo de esta y otras series.

    By Anonymous planeandolahuida, at 11/8/06 7:24 p. m.  

  • Hola. Soy demoniodehiel, conozco tus páginas por el blog de livejournal de ehiztari.
    Acabo de leer tu fic y me ha gustado mucho. Hay pocas veces en las que he leido un retrato de Spike en esos primeros tiempos tan creíble, y Drusilla me parece bordada por completo, en cada movimiento y palabra que dice.
    La historia está muy bien, podría ser canónica, muy bien contada y amena y tiene cosas que me han encantado. Y enlazar esta matanza sugerida, nombrada en la serie pero nuca detallada, y que muy bien podría haber sido como tú relatas, con el momento en que Cecily se convierte en Halfrek, me parece muy interesante.
    También me enternece que nos pintes a esa muchacha...prisionera de su familia y sus convenciones sociales, queriendo en realidad a ese pobre poeta cuya posición ha decaído por debajo de la que se espera para un pretendiente suyo.
    Me encanta, como detalles, que los rumores hablen de que William ha podido fugarse con otro tío, y me encanta cómo se folla a Drusilla contra la pared, delante de Cecily...casi puedo ver la escena como en Fool for love ;)
    Y me gusta mucho, no sabes cuánto...que ese Spike-aún William no quiera que Drusilla lo compare...con Angelus.
    Enhorabuena, y gracias por ponerlo

    By Anonymous demoniodehiel, at 14/8/06 7:23 p. m.  

  • Eres grandísimo, tío!!!! Joder, y mira que para que todo encaje tan... perfectamente! Se nota que el Buffyverso sigue expandiéndose gracias a las ganas de sus fans.
    Nos leemos!!

    By Blogger Brian Edward Hyde, at 29/8/06 9:59 p. m.  

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