Espacio Catódico

viernes, febrero 10, 2006

Caso Uno

Soy un gran aficionado a las miniseries. Estoy cada vez más convencido de que es el formato ideal, una combinación de lo mejor de dos mundos.
De las series, saca el tiempo para desarrollar en profundidad situaciones y crear personajes complejos, llenos de matices, de una forma que las películas, limitadas a un par de horas, no pueden.
Por otro lado, suelen tener una calidad técnica y un presupuesto más cinematográficos que televisivos, así como un planteamiento, un nudo y un desenlace previstos desde el principio, como las películas, lo que evita tanto el bajón creativo que tienden a atravesar las series que ya llevan tiempo en antena, como esos primeros episodios flojillos en los que las series intentan encontrar su identidad, su camino.
Hoy día, las series digamos “abiertas” se han fijado en esto. Para empezar tenemos a 24. La serie protagonizada por Kiefer Sutherland cuenta una historia por temporada, convirtiéndose así en una especie de sucesión de miniseries. El éxito de esta serie ha propiciado que se diera el visto bueno a otras. En España hemos visto ya la primera temporada tanto de Perdidos como de Mujeres Desesperadas. Y se preparan más: Missing, Surface, Invasion, Prison Break,… Incluso la ficción española probó suerte con la ya desaparecida Motivos Personales.
Se han puesto de moda las series con arcos argumentales prolongados, y ahora todas las cadenas quieren tener una. Pero hasta hace bien poquito los productores no querían ni oír hablar de ello, temerosos de que la audiencia norteamericana no estuviera preparada para una serie que requiriera atención, el esfuerzo de pensar, para poder seguirla.
Pero hace diez años ya hubo una serie así. Una rara avis que se adelantó a su tiempo. Su nombre: Murder One.
Estoy seguro de que la única razón por la que la serie llegó siquiera a hacerse fue por el aval de Steven Bochco, creador y artífice de la trama de la primera temporada junto con Charles H. Eglee. Aunque en su segunda temporada se convirtió en una serie de abogados algo más al uso, esa joya que es la primera temporada es, de hecho, una larga miniserie, el relato de un caso de asesinato desde el punto de vista del abogado defensor, Theodore “Teddy” Hoffman (Daniel Benzali).
Hoffman no es el típico protagonista guaperas. Es calvo, algo rellenito, y además Benzali dotó al personaje de un tono de voz bajo, clamado, casi monocorde (excelentemente doblado, por cierto, por Paco Hernández) que le iba como anillo al dedo. La fuerza, el carisma que este personaje derrocha por los cuatro costados, se basa en la magnífica construcción y el meticuloso trazado que de él hacen los guionistas, así como en la portentosa interpretación de Benzali. Se nos presenta como un hombre íntegro, de mente y lengua ágiles, sólidos principios morales, y acostumbrado a mantener la cabeza fría y los pies en el suelo. Y con un peculiarísimo sentido del humor, acentuado por el mismo tono de voz solemne.
No diré nada del argumento, ya que creo que se apreciará mejor cuanto menos se sepa de él en un principio, salvo que es reminiscente del de Twin Peaks, aunque ambas series avanzan por derroteros muy distintos.
Una joya, en fin, que ya se encuentra en mi colección de DVDs.

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